sábado, 19 de septiembre de 2015

Gladiadores en El Álamo

¡Saludos de nuevo! En primavera, tras varios meses encerrados entre rollos de pergamino y pirámides escalonadas aztecas (en un par de semanas podréis verlas en Carlos, Rey Emperador), realizamos un par de entradas del blog que nunca publicamos (estábamos a puntos de crear RYS). Aquí va una de ellas.

El pasado jueves 30 de abril, nuestro estimado colaborador Alfonso Mañas nos escribió para avisarnos del inicio de la temporada: con el buen tiempo, crecen los espectáculos de gladiadores. ¡Y uno de ellos a diez minutos, andando, del plató de Carlos, Rey Emperador! Así que, dejando atrás (o adelante) a Hernán Cortés, Francisco I y Carlos V, me fui a la Feria Romana y Medieval de El Álamo (Madrid). 
Tras atravesar la feria (ni un puesto "romano", pero sí muchas túnicas), llegué a la pequeña arena del Corral de Feliciano.
Tras el desfile triunfal de entrada del cónsul Catón, patrocinador de los Juegos, abrimos el espectáculo con una Matanza de Esclavos: un puñado de íberos rebeldes, vencidos por las gloriosas legiones romanas, son alanceados por equites, y arrollados por una biga de guerra.
La diversión termina cuando, en el momento en que los íberos están siendo golpeados con antorchas, irrumpe a caballo Veles el Intrépido, el caudillo íbero.
Desmontando a sus enemigos, y arrancando vítores a la (escasa) concurrencia, Veles llega hasta el pulvinar, donde el cónsul Catón le ofrece una gracia: si vence en los Juegos, liberará a sus hombres.
1ª Prueba. El Lanzamiento de Jabalinas. A caballo, Veles y su hermana Yuna (toda una jabata), compiten contra dos Equites romanos. Dando vueltas a la arena, arrojan sus jabalinas en una diana. Los romanos obtienen más éxitos que los íberos, y Yuna es eliminada de la competición. Quizá, por mera "casualidad", alguna de las vericula entregada a los íberos no estuviera tan afilada como debiera...
2ª Prueba. Los Anillos de Saturno. De nuevo a caballo, Veles compite esta vez en solitario contra tres romanos. Al galope, consigue ensartar con su espada más anillas que sus rivales, y obtiene la palma y la victoria en la prueba.
3ª Prueba. El Fuego de Plutón. Varios operarios de la arena, diligentes, extienden cuerdas de fuego, que los jinetes deben saltar con sus caballos. Uno de los Equites romanos no logra dominar a su bestia, que corcovea y retrocede asustada.
4ª Prueba. La Destreza de Marte. Para no ser eliminado, Veles debe superar esta prueba. Compitiendo contra el decurión de los romanos, todo un Eneas reencarnado, Veles debe partir en dos, al galope, una calabaza que su hermana Yuna sostiene en la cabeza. La prueba termina con un nuevo éxito para el íbero, y su hermana con vida.

En el intermedio, bellas sacerdotisas y otros Acróbatas veneran la arena danzando con fuego en honor a la diosa Hécate.
5ª Prueba. Carrera de Bigas. Esta vez, entran a la arena dos expertos Essedarii romanos, que se lanzan a una trepidante carrera. Veles maneja el essedum con la maestría de los bárbaros, y cuando uno de los carros rivales, entre chispas, pierde todas sus Heridas y se ve obligado a abandonar la competición, aparece otro Eques a caballo para alancear al campeón íbero. Aún así, Veles obtiene la victoria en los juegos y reclama su premio: la liberación de sus hombres. Pero el cónsul Catón le tiene reservada una última prueba...
6ª Prueba. La Ira de Marte. Con la pobre Yuna encadenada y torturada en el centro de la arena, Veles se arma de espada y escudo redondo para enfrentarse a tres gladiadores que, a juzgar por su armamento libre, pertenecen a la facción de los Singulares:
- Velus de Rabat. Un Thraex con espada de hoja recta y scutum en lugar de parma.
- Tiberius de la Galia. El galo lleva una armadura de Samnita, y un gran penacho blanco en su yelmo, pero va armado con una gran segur de dos manos en lugar de gladius y scutum.
- Tetraides de Germania. Un Retiarius con ocreae y galea, y sin red, que pronto demuestra tener muy mala puntería al lanzar el tridente.
Los tres gladiadores atacan, primero en grupo y después de uno en uno, al campeón íbero. Pero los dados están de su parte, y Veles el Intrépido consigue acabar con todos ellos. Los deja desarmados y vencidos, de rodillas en la arena, pero con vida. Ante tal proeza, el cónsul Catón desciende a la arena y concede al campeón su premio: su libertad y la de sus hombres (dentro de las normas de tributos de la Pax Romana, se sobreentiende, ya que a ningún cónsul le interesa tener aldeas de irreductibles rondando por ahí). ¡Un gran final!

Gracias al grupo Draconia por el espectáculo.

¡Iugula!